Siente la sangre luchando por salir, en cada pálpito, oprime las venas contra la piel gritando, intentando liberarse de su prisión.
Lo siente y no puede seguir ignorando más los alaridos, no puede ver más sufrimiento, porque le quema por dentro.
Decide dar la libertad y encuentra la suya propia. Encuentra la paz.
La serenidad de la muerte.
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